Tras pasar unas semanas en Australia y en Malasia, los equipos se dirigen al otro lado del mundo para participar en el Gran Premio de Brasil. ˇCon una agenda tan apretada, el personal de F1 no podrá escapar a los efectos del jet lag!
Cuando los equipos llegan por fin al circuito de Interlagos de Sao Paulo, aún les queda un duro camino por delante: ˇla empinada cuesta que lleva al paddock, que tendrán que subir antes de ponerse manos a la obra! El circuito se encuentra en una zona muy accidentada, así que el equipo no sólo se enfrentará a los desniveles de la pista, sino también a unas cuantas colinas agotadoras.
En Brasil se da, además, una circunstancia única: casi todo el mundo se aloja en el mismo hotel. Hacia el final de la tarde, el ambiente del bar y el restaurante está muy animado, pero también puedes salir a explorar y probar la carne de los famosos restaurantes brasileños, las "churrascarias". Es una experiencia que no puedes perderte (ˇa no ser que seas vegetariano!).
Llegar al circuito todas las mañanas puede convertirse en una experiencia tan desagradable como conducir por las carreteras de Sao Paulo, famosas por sus baches. El circuito es también irregular. Teniendo en cuenta que los pilotos conducen con el trasero a sólo unos centímetros del suelo, es de suponer que acabarán viendo las estrellas. Interlagos es uno de los dos circuitos del campeonato del mundo que se recorre en sentido contrario al de las agujas del reloj (el otro es Imola). Lo excepcional de la circunstancia aumenta la tensión muscular de los pilotos. Todo esto, unido al calor, nos da una idea de por qué los pilotos terminan el Gran Premio brasileño tan agotados.
El subviraje es uno de los problemas habituales en Interlagos. El circuito se compone de multitud de curvas rápidas y de una larga recta, pero dar con la configuración adecuada es especialmente complicado porque también hay que tener en cuenta las curvas lentas de la parte interior de la pista. Los ingenieros tienen que contar, además, con que un cielo azul y soleado puede convertirse en tormenta en cuestión de minutos.
En esta ciudad que vio nacer a antiguos campeones como Ayrton Senna y Emerson Fittipaldi, el público es siempre numeroso. Hoy en día, los aficionados aclaman a su nuevo héroe, Rubens Barrichello, al grito de "ˇRubinho!".