Desde el año 1955, se celebra la carrera más vistosa y sofisticada del calendario: el Gran Premio de Mónaco. Aquí, donde uno de cada dos coches es un Ferrari, las calles de Montecarlo se convierten en el más famoso de los circuitos cada primavera. Al no haber espacio para las trampas de grava, se colocan barreras de seguridad a ambos lados de la pista. Los ingenieros sueldan muy bien las alcantarillas de la pista, ya que un coche de carreras podría succionarlas.
La carrera es muy dura para los mecánicos. Los camiones y las zonas de trabajo están en la parte baja de las colinas del paddock, lejos del garaje, y hay que empujar los coches hasta los boxes. En Mónaco, los boxes son peligrosos y muy estrechos. Además de los cascos, los ingenieros llevan tapones, ya que el ruido de los coches es ensordecedor.
Casi todos los pilotos de F1 viven en Monáco, así que corren en casa. Todos quieren ganar pero antes tienen que dominar esta pista en la que se necesitan nervios de acero. Los coches corren con niveles muy bajos de adherencia aerodinámica, por las curvas ajustadas en las que la velocidad es baja y hay que pisar a fondo el freno. Nelson Piquet dijo que conducir en el circuito de Mónaco es como "tratar de ir en bicicleta por el salón de la casa". Es vital lograr un buen puesto en la clasificación ya que es prácticamente imposible adelantar si el piloto que te precede quiere impedírtelo.
Antes de la carrera en Mónaco, los equipos buscan pistas con una configuración similar para utilizarlas como prueba )en Mónaco no pueden realizarse pruebas porque la pista solo se construye para la carrera). Las que gozan de mayor popularidad son la de Valencia y la de Nagaro, al sur de Francia, cuyas pistas son ajustadas y sinuosas.
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