Desde 1978, Montreal nunca ha faltado a su cita con la Fórmula Uno. En la ciudad siempre se celebran numerosos acontecimientos relacionados con la F1, pero la verdadera acción tiene lugar en el circuito Gilles Villenueve. El circuito está situado en la isla de Notre Dame y bordea el impresionante lago de remo de las Olimpiadas. Es más, una gran parte del paddock está sobre un gran pontón al que se llega a pie por el puente que cruza el lago.>
A diferencia de las demás carreras, que se celebran al principio y al final de la temporada europea. Los equipos se ven obligados a salir de la rutina y a hacer las maletas para cruzar el océano rumbo a Montreal.
La pista se caracteriza por ser un trazado semiurbano (solo la mitad es permanente), por lo que a principios del fin de semana siempre ofrece un aspecto sucio y polvoriento. Pero con la llegada del sábado toda la pista se llena de neumáticos, algo escencial debido al poco agarre de la pista, que es demasiado lisa. El trazado se compone de una serie de rectas combinadas con chicanes, por lo que los equipos suelen optar por configuraciones de adherencia aerodinamica media. Esto les permite ganar mucha velocidad en las rectas, pero limita el agarre en las chicanes, que son precisamente los puntos en los que es posible adelantar al adversario y ganar terreno. La carrera es muy dura para los pilotos, ya que se necesita frenar mucho y se produce un gran desgaste que sólo los mas fuertes pueden soportar.