Si Hockenheim es la meca de los seguidores de Schumacher, Monza es el hogar espiritual de los "tifosi", los incondicionales seguidores de Ferrari.
El trazado (una mezcla de curvas amplias y rápidas, largas rectas y chicanes rápidas) pone constantemente a prueba la velocidad y la habilidad de los pilotos. Los equipos se decantan por una adherencia aerodinámica muy baja, para así no perder ni un ápice de velocidad en las rectas. Esto explica que los pilotos tengan que extremar las precauciones en las chicanes, ya que la baja adherencia aerodinámica aumenta el riesgo de salirse de la pista.
Año tras año y desde el primer campeonato del mundo (celebrado en 1950), Monza ha acogido al Gran Premio de Italia, salvo en el año 1980, en el que éste se disputó en Imola. Pero no fue más que una excepción y no ha vuelto a ocurrir. El circuito está, además, cargado de leyenda. No son pocas las historias de fantasmas que se aparecen en los oscuros bosques que rodean las rectas del circuito.